Cosas que se desean
Bienvenidos,
gracias por estar acá. En el correr de la semana pasada decidí hacer de forma
consciente, junto con ustedes, el ejercicio de experimentar micromomentos de
magia.
Lo primero que hice
fue salir a andar en bicicleta después de un largo día de trabajo. Terminé de
dar clase a las 20:30hs, unos minutos antes que el reloj marcara las 21:00hs me
puse calza, championes y me fui a la rambla. El primer indicio de magia lo
sentí en el momento que crucé el umbral de la puerta del edificio y el cálido
aire de una noche primaveral me abrazó. Crucé la calle y me subí a la bicicleta
y en ese instante fue como si hubiera comenzado a volar, me desplazaba por los
caminos del parque rumbo a la rambla como si estuviera flotando, sin lugar a
duda, estaba experimentando un micromomento de magia.
En cuanto llegué a
la Playa Ramírez observé mis alrededores y consideré las opciones: ir hacia el
oeste, rumbo a Ciudad Vieja, o hacia el este, para el lado de las canteras del
Parque Rodó. Elegí la segunda opción y empecé a pedalear, conforme iba
avanzando me dediqué a observar a las personas que me cruzaba. La mayoría
estaban felices, distendidos, disfrutando de esa bella noche luego de uno de
los primeros días de más calor de la temporada. No sé si lo sabrían, pero deseé
profundamente que supieran que en ese momento estaban siendo felices, que
estaban experimentando un micromomento de magia.
De eso se trata, de
vivir la vida cotidiana experimentando la magia, hacerlo de forma consciente es
quizás el desafío que se nos presenta a diario. Cada uno lo hace a su propio ritmo o a su manera.
Como dijo Galeano
en su microrrelato El Mundo, donde
habla de la sociedad como un mar de
fueguitos: “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos
fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los
colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento y gente de
fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos,
no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.
Considero que es
muy importante que cada uno de nosotros entienda la importancia de ser nosotros
mismos, de valorar nuestra existencia y vivir una vida celebrando ser nosotros.
Hace ya muchos años
que en distintas etapas de mi vida me he encontrado con un texto que se ha
presentado en distintos formatos hasta que logró captar mi atención. Se trata
de un poema que se volvió particularmente conocido durante los años sesenta de
la mano del movimiento hippie. El texto es un
compendio de sabios consejos que ha dado la vuelta al mundo entero. El título
es Desiderata, es una palabra que
proviene del latín, significa “cosas que se desean”.
En un momento dado
se produjo todo un debate sobre el origen de este poema. Alrededor del texto se tejió la leyenda de
que había sido escrito por un monje anónimo y que había sido
encontrado luego en el banco de una iglesia de Baltimore, hace doscientos años.
Según esta versión, el poema habría sido
escrito en el año de 1692.
En realidad, todo
se trató de un error. El autor
de Desiderata fue
el filósofo y abogado Max Ehrmann. Pero el texto nunca se publicó
mientras él estuvo vivo. Si bien los derechos de autor datan de 1927, solo vio
la luz hacia 1948, cuando su esposa publicó sus poemas de manera póstuma.
Una vez
identificado el autor y el poema, mi misión fue conseguir una copia del libro.
Así es que conseguí una de las primeras ediciones en tapa dura, demoró
aproximadamente tres meses en llegar a mis manos. Cuando sonó el timbre me tomó
por sorpresa, no estaba esperando que llegara el libro en ese momento, pero
como todo ocurre de la forma en que necesitamos, llegó en un momento muy
oportuno.
Comencé a leer el
libro y las primeras líneas me emocionaron, así como cuando se nos pone la piel de gallina, o se
siente un escalofrío en la espalda. No solo me emocionó el hecho de estar
leyendo el poema, sino también saber que estaba leyéndolo de las páginas de un
libro que alguien más ya había disfrutado.
Me despido de
ustedes con parte del poema: “Tú eres una criatura del Universo,
no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí y te resulte evidente o no sin duda el universo se desenvuelve como debe. (…) Se alegre... Esfuérzate en ser feliz.”
no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí y te resulte evidente o no sin duda el universo se desenvuelve como debe. (…) Se alegre... Esfuérzate en ser feliz.”
Hasta la próxima,
gracias por estar acá.
Hola! esta buenismo esto, besos!
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