Todo ocurre por algo - Capítulo 3

Capítulo 3
La vida está llena de sorpresas
Sonó el despertador a las 6:45 am, Diego lo apagó rápidamente, volvería a sonar en nueve minutos. Esos nueve minutos eran realmente muy preciados. Sabía que en breves se tendría que levantar. Lo primero que hacía en las mañanas era darse una rápida ducha, era la única forma de poder despertar su cerebro y quedar activo para el resto del día. No llegó a dormirse de nuevo, estaba muy ansioso por las reuniones que tenían agendadas para ese día, iba a ser un día largo.
Después de cerrar la canilla de la ducha agarró la toalla y se secó rápidamente, luego pasó su mano por el espejo empañado para poder ver su reflejo. Algunos días le sorprendía el reflejo que veía, era como si no se reconociera, le resultaban extraños los ojos que lo miraban desde el otro lado. Pero esta vez no fue así, al verse, se detuvo a pensar en cuánto habían cambiado las cosas a través de los años. Recordaba como si fuera ayer el día que sus padres le dijeron que se iban a mudar a España, que iban a ir a probar suerte en el viejo continente. Al tío José le había ido muy bien.
Ahora se encontraba de regreso en su país, en el lugar dónde creció, dónde ocurrieron las memorias que siempre atesorará, dónde había quedado Nalani, su mejor amiga de la infancia. Cuando eran chicos él gustaba de ella, pero sospechaba que él no era su tipo. Ella era muy madura para él. Se preguntó qué sería de su vida. Hace mucho tiempo que habían perdido contacto. En más de una oportunidad trató de encontrarla en Facebook, pero no lograba dar con ella. Había intentado olvidarla, o por lo menos quitarla de su mente por un tiempo. Cada vez que salía con una chica, que tenía una cita, siempre encontraba alguna excusa para no volver a verla. En el fondo, muy en el fondo sabía que la persona que quería como compañera para su vida ya la había conocido cuando era más chico.
No tenía tiempo para seguir pensando en lo que podría haber sido, se tenía que apurar si quería llegar a tiempo para reunirse con su tío antes de ir a escuchar las propuestas que tendrían que considerar para elegir un nuevo equipo de comunicación para la empresa. Este sería un proyecto grande. El tío José había fundado una empresa en España que ya se había instalado en varios países, y ahora precisaban encontrar a alguien que pudiera hacer un trabajo a gran escala, querían unificar las comunicaciones para que todo fuera más uniforme.
Se vistió en pocos minutos y se puso perfume, hace años que usaba el mismo. Le gustaba probar cosas nuevas, pero su perfume era algo que no cambiaba nunca. Tomó una taza de café que preparó en cuestión de segundos utilizando una de esas máquinas con cápsulas. Leyó por arriba los titulares del diario que recibía en su casilla de correo y vio que el mundo seguía igual que el día anterior.
Cuando miró su celular vio un mensaje de su tío avisando que ya iba en camino, le pasó la dirección de la primera reunión y en un segundo mensaje le avisó que la segunda sería en el mismo edificio, muy conveniente, podría dejar el auto estacionado en el mismo lugar. Agarró una carpeta donde tenía algunos documentos importantes, guardó su billetera en el bolsillo y agarró las llaves. Se dirigió directo al parking del hotel, y en cuestión de minutos ya estaba de camino a reunirse con su tío. Estaba entusiasmado por escuchar las propuestas, tenían que tomar una decisión en los próximos días, querían poner el proyecto en marcha lo antes posible.
La primera reunión no fue nada del otro mundo, todo parecía muy claro, pero no había nada que realmente capturara su atención. Esperaba que la segunda reunión fuera mejor que esta. Tenían dos más agendadas para la tarde, pero a esas tendría que ir solo porque el tío José tenía otras cosas para hacer de tarde. Si bien Diego podía tomar la decisión solo, le gustaba tener el visto bueno de su tío, al fin y al cabo, era el dueño de la empresa.
Cuando llegaron al piso doce, la secretaria les acompañó hasta la sala de reuniones, pero antes le pidió a un joven que estaba ahí cerca que le avisara a la encargada de presentar la propuesta que el cliente ya había llegado. Siguieron a la secretaria por un pasillo que los condujo a la puerta de la sala de reuniones. Cuando entraron, vio a una muchacha sirviéndose una taza de café en una mesa pequeña al lado de la mesa principal. Cuando la chica se volteó al escucharlos, se le aceleró el corazón, no podía creer lo que estaba viendo. ¡Era Nalani! Nalani, su amiga de la infancia. Nalani, la chica de dieciséis años que vio por última vez. Nalani, la mujer que estaba parada frente a él.
Estaban como en un trance, ninguno de los dos parpadeaba. El tío José los interrumpió y les preguntó si ya se conocían.
—Nalani… —dijo Diego —. Sí, nos conocemos desde pequeños, pero hace muchos años que no nos veíamos. ¡Qué sorpresa encontrarte aquí!
—Encantado, Nalani —dijo el José, extendiendo su mano.
Nalani, rompió el contacto visual que ninguno de los dos parecía querer dejar y extendió su mano para saludar a José.
—Mucho gusto, señor. Por favor, tomen asiento.
—“Señor”, no. No es necesario ser tan formales —dijo José —. Si eres amiga de Diego, puedes decirme José. Me hace sentir más joven, soy el hermano mayor de su padre, pero no soy tanto más grande.
—Nalani, él es mi tío José —dijo Diego.
Por fin encontró las palabras, parecía que había quedado mudo.
—Es el hermano de papá, el que vivía en España. ¿Te acordás que nos mandaba cartas por correo?
—Sí, era lo más divertido de volver después de la escuela. Encontrar una carta con tu nombre. Las postales que venían dentro del sobre eran mis preferidas. Todavía tengo alguna guardada. Fue así que empecé a escribir, a describir lugares y contar historias.
—No lo puedo creer… —dijo Diego.
José y Nalani lo miraron, pero Diego solo tenía ojos para Nalani. Ella se sonrojó y José carraspeó para llamar su atención.
—¿Comenzamos? —preguntó José.
            Acto seguido, Nalani empezó su presentación. Verla en acción era algo increíble, tenía una pasión admirable por lo que les estaba contando, se movía con gracilidad mientras les daba información y les mostraba imágenes en la pantalla. Diego estaba más concentrado en ella que en lo que estaba diciendo, no podía quitarle los ojos de encima. No daba crédito a que realmente estuviera ahí, no lo podía creer. Sentía una sensación indescriptible cuando ella fijaba su mirada en él. Estaba deseando que terminara la presentación para poder hablar con ella. Quería saber qué era de su vida, cómo había llegado a trabajar en este lugar. Cuando eran chicos, ella quería trabajar en un laboratorio, algo muy diferente a lo que hacía ahora. Quería tenerla cerca, quería abrazarla, quería que todo fuera como antes, quería tener el coraje para invitarla a salir, ya no eran pequeños, ya no estaba en otro país, ahora estaban en la misma ciudad, y no pensaba dejar pasar la oportunidad.

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