Todo ocurre por algo - Capítulo 4

Capítulo 4
Confiar en lo que ocurre, y en lo que no ocurre

Cuando terminó la presentación, Diego y José intercambiaron una mirada, hacía tanto tiempo que trabajaban juntos que a veces no era necesario que hablaran. Lo habían conseguido, tenían un acuerdo sobre con quién trabajar, sería con la empresa de Nalani, no había lugar a duda. José se puso de pie y le informó a Nalani que se pondrían en contacto para ultimar detalles. Recogió su carpeta, le extendió la mano a la joven y le dijo que fue un placer haberla conocido. Miró a Diego y antes de retirarse de la sala de reuniones le dijo que lo vería más tarde, sabía que quería tener un momento en privado con Nalani. Nunca había visto a su sobrino así, siempre tenía algo para decir o preguntar en este tipo de reuniones. Pero en esta oportunidad no dijo nada, solo se remitió a mirar a Nalani, como si no diera crédito a que era realmente ella la que estaba parada allí presentando el proyecto.
Nalani miró como José se retiraba de la sala, de repente sintió que el espacio se volvía más pequeño, comenzó a sentir calor, y le dio sed. Tomó un vaso de agua para disimular la situación. Diego la observaba. Cuando dejó el vaso sobre la mesa le surgió la necesidad de volver a ocuparse con algo, se puso a ordenar los papeles que ya tenía bastante prolijos. Levantó su mirada y le prestó atención a su amigo, aquella persona que había estado tan presente en su vida, con la que había compartido tantas cosas. Estaba diferente, era un hombre. Sus ojos tenían el mismo brillo que tenía grabado en la memoria, pero la barba era nueva, la llevaba muy prolija. Su cabello estaba más corto que antes, le quedaba muy bien así.
Diego interrumpió su escrutinio, lo que dijo la tomó por sorpresa. Quizás se lo había imaginado, quizás no había escuchado bien. Las únicas palabras que logró articular fueron: ¿cómo has dicho? Diego sonrió y le repitió la pregunta. Había escuchado bien. La había invitado a cenar con él. Pero no podía, tenía planes con Felipe. Era el cumpleaños de Andrés, el mejor amigo de su novio. Cuando le dijo a Diego que no podía porque ya tenía planes, vio como algo nubló su mirada. Pero eso no lo desmotivó, y la invitó a almorzar. Realmente quería hablar con ella. Habían pasado demasiados años, y encontrarse de este modo no era una oportunidad para dejar pasar.
Nalani pensaba almorzar con Julia, pero seguro entendería si cambiaba los planes. Aceptó la invitación, le dijo que había un buen restaurante a unas pocas cuadras del edificio. Le dio el nombre del lugar y acordaron una hora para encontrarse. Diego caminó alrededor de la mesa y se acercó a ella, se inclinó para darle un beso en la mejilla, pero ella se movió a la misma vez y terminaron parados muy cerca uno del otro. De repente Nalani estaba muy consciente de la cercanía. Diego la abrazó, tímidamente, un abrazo un tanto extraño, pero en menos de un segundo los dos se distendieron y se fusionaron en el abrazo. Los interrumpió Julia que entró a la sala de reuniones buscando a Nalani. Frenó en seco cuando los vio y su expresión lucía un tanto confundida. Nalani dio un paso atrás y con su mano aún en el brazo de Diego, le dijo que lo vería más tarde. Diego saludó a Julia y se retiró.
Julia no tardó dos segundos en volver su mirada hacia Nalani y preguntarle:
—¿Quién es? ¿Lo conoces? Claro que lo conoces, no andas abrazando así a potenciales clientes…
—Ese es Diego, mi mejor amigo de la infancia, crecimos juntos y éramos inseparables hasta que su familia decidió mudarse a España. Perdimos contacto después de un tiempo. No lo había vuelto a ver o saber nada de él hasta hoy, que llegó con su tío.
—No lo puedo creer, ¿sabías que vendría?
—¡No! Me tomó por sorpresa. Quedé en shock.
—Me imagino, cuando los hice pasar no pude evitar notar lo bueno que está.
—¡Julia! —dijo Nalani, en un tono más alto de lo que pensaba.
—¿Qué? No me digas que no te parece que está muy bien.
—Puede ser…
—¿Cómo que puede ser? —la interrumpió Julia —. Deberías estar ciega o mal de la cabeza para no darte cuenta que está divino. Además, no creo que haya sido mi impresión, ese abrazo era más que un abrazo entre dos amigos que se reencontraron después de mucho tiempo.
—Ay, Julia. Vos y tu imaginación.
—No es mi imaginación. Si fuera mi imaginación, contame por qué estás colorada ahora.
—No estoy colorada —dijo Nalani —. Es que acá adentro hace mucho calor.
—No hace calor, el aire está en dieciséis grados. Igual no me cambies de tema. Escuché que le dijiste que lo vas a ver más tarde. ¿Tienen una cita?
—No, Julia. No es una cita. Vamos a almorzar juntos. Además, yo tengo novio. ¿Te acordás?
—Sí, Felipe… No entiendo por qué seguís saliendo con él.
—Porque me gusta, nos llevamos bien, nos divertimos.
—Todo lo que quieras, pero no me digas que salir con Felipe es emocionante. Nunca te vi ponerte cómo estás ahora, cuando me hablas de Felipe.
—Basta, no vamos a seguir hablando de esto. Tengo cosas que hacer.
—Sí, sí, poneme excusas, nomás.
—No son excusas, de verdad tengo cosas que hacer. Ya son casi las once. Quiero terminar unas cosas antes del almuerzo.
—Bueno, dale. Pero esta conversación no queda acá. Con Diego o sin Diego en la vuelta, me parece que tenés que replantearte si realmente querés seguir saliendo con Felipe.
—No tengo tiempo para esto ahora, Julia…
—Pensalo —dijo Julia con voz solemne y se retiró de la sala de reunión, dejando a Nalani sola con sus pensamientos.
¿Será que Julia tiene razón? ¿Por qué estaba saliendo con Felipe? Hace casi un año que salían y no se lo había preguntado realmente. Las cosas iban fluyendo bien, pero quizás Julia tenía algo de razón. Ver a Felipe era divertido, la pasaban bien juntos, pero,  ¿qué había más allá de eso?
En ese momento le llegó un mensaje que le interrumpió los pensamientos. Era Diego. ¿Cómo había conseguido su número? Abrió el mensaje y leyó: “Aquí y ahora. Nada es casual, todo es causal”. Se sonrió al leer esas palabras. Típicas de Diego, siempre creyendo que las cosas no pasan por casualidad. Rápidamente le escribió una respuesta que le esbozó una sonrisa al recordar que siempre le respondía lo mismo cuando él le decía aquellas palabras: “Estoy muy en el ahora para estar pensando en la siguiente hora”. Guardó su celular y se dirigió a su escritorio. Tendría que apurarse para poder llegar a almorzar con él a la hora que habían acordado.
Se concentró en sus tareas, cuando quiso ver, ya eran casi la una de la tarde. Le había dicho a Diego para almorzar una y media. Terminó de mandar algunos mails y fue hasta la recepción. Julia estaba hablando por teléfono, pero la llamada terminó brevemente.
—¿Ya te vas?
—Sí, quedamos para almorzar a la una y media. Ya debe estar allá, siempre fue muy puntual. No lo quiero hacer esperar, además a las tres tengo una call —dijo Nalani entrando en el ascensor.
—¡Que te diviertas en tu cita!
—¡No es una cita! —llegó a decir antes de que se cerraran las puertas. Julia tenía una sonrisa pícara.
Mientras iba bajando decidió mandarle un mensaje a Felipe, para ver cómo iba su día.

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