Todo ocurre por algo - Capítulo 8
Capítulo 8
Cada cosa a su tiempo
No puedo creer que esto está realmente ocurriendo, resulta inverosímil
pero en el buen sentido de la palabra. Crecimos juntos, nos conocemos mejor que
nadie. Pasamos casi la mitad de nuestra vida separados, eso es mucho tiempo. Al
verla ayer en la sala de reuniones sentí algo extraño, una mezcla de emociones.
Fue como si el tiempo no hubiera pasado y hubiésemos seguido siempre juntos. Me
imagino que las cosas hubieran sido diferentes. Cuando estuve en la prepa y
conocí a Carla, me voló la cabeza. Fue mi primera novia. Pero algo no
funcionaba, faltaba algo. No me daba cuenta qué, pero algo no me convencía del
todo, era extraño. Fue Lucas el que un día me lo dijo, no podía creer que todos
se hubieran dado cuenta, menos yo. ¡Qué gilipollas! Carla se parecía mucho a
Nalani, no solo físicamente, sino también en su personalidad. Quizás fue por
eso que me fijé en ella, por eso me gustaba tanto. Evidentemente no era justo
para ninguno. Así fue que decidí terminar con ella. Estaba en un embrollo. Me
hubiera gustado poder hablar con Nalani en ese momento, pero la vida tiene esa
forma de no darnos las cosas cuando las queremos. Las oportunidades llegan
cuando estamos prontos, no necesariamente cuando nosotros queremos.
Esta oportunidad que se me presentó ahora no la iba a dejar pasar. Besar
a Nalani resultó ser algo sumamente natural y familiar. Nunca me sentí así con
alguien. Esta vez las cosas serían diferentes, los dos somos diferentes a los
adolescentes que se vieron por última vez en la terminal vieja del aeropuerto de
Carrasco hace dieciséis años.
—¿En qué estás pensando? —la voz de Nalani interrumpió mi pensamiento.
—En cómo la vida da sus vueltas y nos sorprende cuando menos lo
esperamos…
Nalani sonrió, con esa sonrisa tan característica, las comisuras de sus
labios marcan sus mejillas que siempre tienen un tono rojizo que me encanta,
sus ojos tienen un brillo especial que me cautiva, tienen una profundidad
alucinante, cuando me mira, siento que me ve de verdad. Conectamos en un nivel
indescriptible. Con sus manos enmarcó mi cara, se detuvo a acariciarme
suavemente y fijó su mirada en mis labios antes de besarme suavemente. No sé
cuánto tiempo estuvimos así, tenerla en mis brazos es como tener la pieza del
rompecabezas que me faltaba. Una pieza que calza perfectamente. No me gusta
pensar en la idea de la media naranja. Tengo la convicción de que cada uno está
completo y que al decidir estar con otra persona es para unirse y
complementarse, no para llenar un vacío por no estar completos.
Nalani tomó mi mano y pasó mi brazo por encima de sus hombros antes de
empezar a caminar. No sé hacia dónde, pero iría con ella a donde fuera.
Caminamos por un rato, nunca nos quedamos sin tema de conversación. Eso
es algo que me fascina, siempre tuvimos algo de qué hablar, y eso sigue igual.
Los momentos de silencio también son cómodos. Me siento muy en paz estando con
ella. Cuando quise ver estábamos parados frente a la puerta de un edificio, esa
era su puerta. Tomó mi mano con más fuerza y entendí que esta noche me quedaría
con ella.
—Hola, Pedro.
—Buenas noches, Nalani —dijo el portero, un veterano canoso, que tenía
pinta de buen hombre.
***
A la mañana siguiente me desperté con una sensación de relax extrema,
cuando abrí mis ojos estaba sonriendo, miré a mi derecha y allí estaba. No
había sido un sueño. Lo observé por unos instantes, estaba dormido
profundamente. Su pecho se movía con su respiración calmada, tenía el pelo
enredado. Eso fue mi culpa. Me detuve a contemplar sus facciones bien marcadas,
masculinas y sus cejas bien oscuras enmarcan sus ojos de una forma muy
armónica. Al costado de sus ojos tenía algunas arrugas, denotaban el paso del
tiempo.
Le di un beso en la nariz antes de levantar las sábanas para ponerme de
pie, pero se despertó y me abrazó.
—Buen día.
—Buen día —me di vuelta para verlo, tenía cara de cansado y bostezó—. Me
voy a bañar, en menos de dos horas tengo que estar en la oficina. Dormí un
ratito más mientras voy al super así desayunamos antes de salir.
—Me baño… —bostezó de nuevo— contigo.
Nalani se rió y se paró.
—Estás re cansado…
—Es el jet lag, me pegó con delay… —lo interrumpió otro bostezo.
Esa fue la clave para que Nalani le diera un beso y se dirigiera al
baño. Fue una ducha rápida. No tenía mucho tiempo y quería ir a buscar algo
para desayunar, la heladera estaba vacía.
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